¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
Dead Can Dance, grupo musical de culto que ha creado obras hermosas y compuesto letras bellísimas, una rara avis siempre en la frontera del rock independiente, la new age y los ritmos étnicos. En esta oportunidad, les haré conocer un tema de ellos: se trata de una canción del álbum Into The Labyrinth (1993), llamada HOW FORTUNATE THE MAN WITH NONE (que en español sería como: "¿Qué suerte tiene quien no la posee!" o "¿Qué afortunado el hombre que no la posee!", más o menos). La canción es una lección magistral de sabiduría, es una adaptación de un poema de Bertolt Brecht. Esta traducción es la más precisa que he encontrado. Les pido que la lean, aunque no hayan escuchado la canción. Y si ustedes lo piden, publicaré un radioblog para que aprecien las preciosas melodías de este tema y otros más de esta maravillosa banda.
Visteis después al valeroso César
Aquí veis a unas personas respetables
Bellísima simplemente....
Ya visteis al sagaz Salomón
y sabéis lo que fue de él.
Lo complejo le parecía sencillo.
Maldijo la hora que lo hizo nacer
y vio que todo era en vano.
¡Cuán grande y sabio fue Salomón!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la sabiduría lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
Visteis después al valeroso César
y sabéis lo que fue de él.
Lo deificaron en vida
pero, aún así, lo asesinaron.
Y cuando alzaban el fatal puñal,
exclamó, bien alto: "¡tú también, hijo!"
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la valentía lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
Habéis oído hablar del honrado Sócrates,
el hombre que jamás mentía.
Pero no fueron tan agradecidos como cabría pensar.
En vez de eso, los gobernantes lo hicieron juzgar
y le entregaron la bebida envenenada.
¡Qué honrado era el noble hijo del pueblo!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la honradez lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
Aquí veis a unas personas respetables
que se atienen a las leyes de Dios,
quien, de momento, no se da por enterado.
Los que estáis sentados calentitos y seguros en casa
ayudadnos a aliviar nuestra amarga necesidad.
¡Con lo virtuosamente que comenzamos!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue el temor de Dios lo que nos dejó en este estado.
¡Qué afortunado el hombre que no lo posee!
¡Qué afortunado el hombre que no lo posee!
Bellísima simplemente....





